La verdadera historia de la leyenda negra de las Hurdes

“Mirar desde el Cottolengo, a tantas montañas, pueblos pequeños y paisajes de ensueño, te hace descubrir la belleza inmensa de esta tierra extremeña. Pero si estás dentro, la huella que te deja es aún más profunda al admirar la hermosa sonrisa de tantas personas que allí son atendidas” (Francisco Cerro, obispo de Coria).

La leyenda negra de las Hurdes hizo que se escribieran miles de renglones, cientos de metrajes de películas, viajes reales, promesas políticas, enfermedad… y la solución y la realidad se puede recoger en un post.

El Cottolengo, es un hogar creado por el Padre Alegre y atendido por un grupo de religiosas que cuidan y atienden las necesidades de las mujeres y hombres que viven en él, y que sufren diferentes discapacidades.

Su fundador fue José Benito de Cottolengo, nacido en el siglo XVIII en el Piamonte italiano.

El jesuita P. José Alegre, natural de Tarrasa, viajó a Roma y a su paso por Turín conoció la obra del Cottolengo. Quedó tan fascinado por la labor que allí se realizaba que, de vuelta a Barcelona,  solicitó fundar una casa en España.

El 10 de diciembre de 1930, murió sin poder ver cumplido su sueño. Antes de morir, sus fieles compañeros le  dijeron: “si nos echas una mano desde el cielo, seguimos adelante con tu sueño”

Y así fue como dos años más tarde de su muerte,  se fundaba el primer Cottolengo en Barcelona, y al acabar la guerra civil, se constituyó la congregación de las Hermanas Servidoras de Jesús para continuar con la obra. Unos años más tarde, en España se fundaron casas en Valencia, Madrid, Santiago y  Las Hurdes (Cáceres)

En enero de 1952, partieron tres monjas desde Barcelona directamente al corazón de Las Hurdes, para construir en una de las alquerías, La Fragosa, su Cottolengo, un rayo de esperanza para la comarca.

Tiempos difíciles corrían en esa época por los tres valles hurdanos, el clero nunca fue bien visto por estos lares, nunca conocieron la verdadera idiosincrasia de este lugar, llegaron insultando a los hurdanos “demonios que hablan otra legua” y cosas parecidas se habían vertido de la boca de aquellos primeros curas llegados a estas tierras de Cáceres.

Pero la alegría y la conexión de estas primeras hermanas fue inmediata, de hecho, vivieron en casas de vecinos hasta que tres años después, a base de ir robando piedra a la montaña  se acabara, con la ayuda de los lugareños,  la construcción. En un principio se utilizó para  dar clases, catequesis, como  botiquín  y comedor para externos.

En 1961 se amplió con un pabellón de Maternidad y un Hospitalillo para los pobres “vergüenza le debía de dar a los políticos de turno”  lo mismo pasaba igual que ahora, no la tenían, fijaros en la fecha, cuando en España se hablaba por teléfono, se leía la prensa y se oía la radio, se iba en coche, hacía casi 50 años (1916) de la fundación de los primeros grandes almacenes en nuestro país… por estas tierras una complicación en el parto, una pequeña infección, la rotura de una extremidad, una carencia de vitaminas, era billete para el cementerio, por cierto, la mayoría de las veces enrollados en una sábana, sin ataúd y que luego era lavada para seguir usándola.  (ver vídeo, gran trabajo de canal Extremadura)

http://www.canalextremadura.es/alacarta/tv/videos/cottolengo-un-viaje-al-corazon-de-las-hurdes

ADIÓS A LA LEYENDA NEGRA

Entre claros y oscuros, orgulloso se levanta el Cottolengo en la Fragosa

Entre claros y obscuros, orgulloso se levanta el Cottolengo en la Fragosa

Los hurdanos hoy en día recuerdan con muchísima emoción esa época, traen a su memoria como les ayudaron a dar a luz a sus hijos,  todos los juguetes que les daban, los turrones en Navidad, las vidas salvadas.  “Nunca les pagaremos lo que nos han ayudado, es lo mejor que vino a Las Hurdes”.

Cuando  la sanidad pública comenzó a funcionar, al menos una década después, el Cottolengo tomó su auténtico cariz, la atención directa a enfermos incurables, evitar retrocesos de sus enfermedades, y en general  hacer que su día a día sea lo más agradable para ellos.

Los internos,  son personas quizás  con limitaciones y dificultades,  pero tienen otras muchas capacidades y sobre todo, no quieren tirar la toalla y tienen muchas ganas de vivir.

Hemos leído muchos testimonios de voluntarios pero básicamente todos coinciden en que en el interior del Cottolengo te sientes libre, fuera de la soberbia de la vida, aprendes a ser mejor persona, a no pensar solo en nosotros mismos, a vivir humildemente y considerar las cosas materiales que nos rodean día a día y que son innecesarias.  Hay que preguntarse: ¿y si esa persona fuese yo?

“Aquí dentro comprendí que las personas internas en el Cottolengo no se sienten desgraciadas por sufrir enfermedades singulares, sino que las aceptan, viven su día a día superándose a sí mismas y afrontan su enfermedad tirando hacia adelante con ella”

Esta obra siempre ha vivido únicamente de la caridad, de la “providencia” divina, ¿Puede ser esto el motivo de respeto y admiración de todos los hurdanos? los curas de la época les obligaban a asistir los domingos a misa, con auténticas palizas de la guardia civil si no lo hacían y el que no echaba en el cepillo era mal visto, pobres  “al perro flaco todo se le volvía pulgas” .

Esta institución sobrevive en el tiempo, no piden, no obligan a nadie, todos son bienvenidos . Actualmente cuentan con 42 enfermos sin recursos, formando  una auténtica familia, en la que comparten y aportan todo lo que pueden.

En el 2006, se les entregó el premio a la humanidad y en el 2012, obtuvieron por sus méritos y dedicación a los más pobres y desahuciados la Medalla de Extremadura, como reconocimiento a una labor callada y silenciosa durante 60 años.

Pero para todas las hermanas, su mejor premio es ver esas sonrisas de gratitud, el poder disfrutar de algo tan sencillo como de que alguien en sillas de ruedas consiga andar con muletas. Se trata, dicen, de que “cuando venga la muerte, no nos encuentre muertos”

El Cottolengo muestra la realidad de uno de los territorios de mayor personalidad, manchado por un pasado de leyenda negra, que ha conseguido, con el tiempo, convertirse no sólo en uno de los lugares más bellos de la península, sino en un refugio donde las tradiciones, la artesanía y el amor por la Naturaleza, son máximas de vida.

Necesitaríamos muchas más páginas para poder  limpiar las múltiples retailas malsonantes que se escribieron, perdón, garabatearon sobre uno de los territorios de mayor personalidad de toda la antigua ibérica. Repetimos y pese a quien le pese, de mayor personalidad.

En Las Hurdes no ha existido leyenda negra, han existido  y existen, enfermos incurables y rechazados por esta sociedad que  hemos creado, y lo que necesitan es que les eches una mano. Solo eso.

Desde Casas rurales en Cáceres os recomendamos el libro “El Cottolengo de Las Hurdes” escrito por la antropóloga María Jacinta Sánchez Marcos.  En él viene perfectamente descrita la labor social y sanitaria realizada con las personas más desfavorecidas de la zona, a la vez que será una ayuda económica a través de los fondos recaudados con su venta.

Con estas líneas agradecemos en nombre de los hurdanos la presencia de esta institución caritativa y que permanezca mucho tiempo en el corazón de Las Hurdes.

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